El bajo deseo sexual — la disminución persistente o ausencia del interés en la actividad sexual — es probablemente la queja sexual más frecuente, tanto en hombres como en mujeres. Y también una de las más complejas, porque el deseo sexual no es solo fisiología: es el resultado de la interacción entre el estado físico, el contexto relacional, la historia personal y los procesos psicológicos del momento.
El deseo sexual no es un botón que se enciende. Es una respuesta que emerge en un contexto — y cuando ese contexto no lo permite, el deseo no aparece por mucho que se quiera.
¿Te reconoces en alguno de estos?
Escaso o nulo interés en tener actividad sexual, que persiste en el tiempo.
Diferencia significativa de deseo con tu pareja que genera tensión o conflicto.
El sexo se ha convertido en algo que «hay que hacer» más que en algo que se desea.
Hubo un momento en que el deseo estaba presente — y ahora ya no está.
Ansiedad o presión alrededor de la intimidad sexual con la pareja.
Analíticas y revisiones médicas sin hallazgos que expliquen la falta de deseo.
Qué mantiene la inhibición del deseo
El deseo sexual es muy sensible a los factores psicológicos y relacionales. El estrés crónico, el agotamiento, la dinámica de pareja, la historia de experiencias sexuales difíciles, la presión de tener que desear cuando no se siente y la evitación acumulada son algunos de los factores que más frecuentemente mantienen un bajo deseo de causa no orgánica.
El modelo del freno y el acelerador: el deseo sexual depende tanto de los estímulos que lo activan (el «acelerador») como de los que lo inhiben (el «freno»). En muchos casos de bajo deseo, el problema no es que el acelerador no funcione — es que el freno está constantemente activado: por estrés, por miedo, por conflicto de pareja, por presión, por experiencias previas difíciles.
El trabajo terapéutico consiste tanto en identificar qué está manteniendo el freno activado como en crear condiciones para que el acelerador pueda funcionar.
El bajo deseo sexual no siempre necesita «arreglarse». Hay personas para quienes un bajo nivel de deseo es simplemente cómo son — y eso no es un problema si no genera malestar. El problema aparece cuando la situación genera sufrimiento — en uno mismo, en la pareja, o en ambos.
El trabajo terapéutico parte siempre de entender qué es lo que la persona quiere cambiar — sin asumir que todo el mundo tiene que desear de la misma manera.
¿La falta de deseo sexual está afectando a tu bienestar o a tu relación?
Podemos explorar qué hay detrás y qué tipo de trabajo tiene sentido para tu situación concreta.
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